25 nov. 2014

El Cine

Ya tocaba. Ya era hora de quejarme de algo, y quería empezar con algo que a todos nos gusta, pero que, realmente, odiamos a más no poder.

Me refiero al cine. Ese lugar al que ya casi nadie va porque sale más rentable ver una película en casa desde el ordenador. Aunque se escuche fatal y no se vea nada porque el tío que la grabó no tiene ni idea de grabar y se pase toda la película tapando la lente con la chaqueta. Da igual. Es una cosa que me choca mucho, lo de que por un lado encarezcan las entradas, pero por otro haya tanta represión a la gente que  amablemente y sin ánimo de lucro (vale, lo segundo no se lo cree ni Dios) van al cine, se gastan SU dinero en comprar una entrada de esas tan caras, que cuando te dicen el precio te piensas que vas a ver una ópera en la Zarzuela, en sesión privada (bueno, vale, es un pelín exagerado; pero solo un pelín), se compran unas palomitas, con las que ya me meteré después, y un refresco; porque si no, las palomitas te acaban secando la boca y notas como tu piel se arruga, y parece que estés envejeciendo, y que te hayan echado arena en la boca, y se ponen a ver la tan ansiada nueva película del actor o actriz de moda.

Pero sin olvidarnos de la cámara. 
Esa cámara que parece, y estoy seguro de que será así en muchos casos, la cámara de los móviles antiguos. Esos tan resistentes que no se rompían ni aunque cayeran de un tercer piso, pero que cuando te los guardabas un segundo en el bolsillo aparecían con la pantalla rayada, que parecía que una apisonadora se había ensañado con ellos. Pues a esos gentiles robin-hoodes les ponen unas multas que ríete tú del precio de la entrada.

Por otro lado, y retomando el asunto de las palomitas, que me diga alguien quién es el proveedor de la comida de los cines. Porque estoy 100% seguro de que se trata del mismo para todos los cines, si no mundiales, europeos. Supongo que irá por zonas y que habrá un tío por encima del resto que se encargará de distribuir a los demás. Es que es demasiada casualidad que en TODOS los cines te cobren un precio tan desorbitado por cualquier mierda que vayas a comerte, y lo que es más raro, en todos los cines venden los mismos productos, y todos tienen el mismo sabor. Esto es algo que cuando te das cuenta y te pones a pensarlo, te asusta. Porque empiezas a pensar en conspiraciones y acabas volviéndote paranoico pensando que los aliens nos están invadiendo.

Además, estoy seguro que los que inventaron los cines, (no me refiero a los que crearon el proyector, o la videocámara, etc., sino a los que crearon el cine como franquicia) eran unos cocineros fracasados. Si no, cómo se explica que todo lo que comes en el cine sepa tan mal y parezca que acaben de volver a calentarlo tras dos días. Aunque, dándole vueltas ahora, es posible que estos trozos de cartón que hacen pasar por comida se deban a que los pobres señores del cine no tienen suficiente dinero por culpa de que les hayan hecho subir tanto los precios. Que conste que no me estoy metiendo con los pequeños propietarios de salas de cine, que se ven obligados a cerrar la sala por falta de ingresos. No. Me estoy metiendo con las grandes superficies, esas que ahora te meten 15 minutos, como poco, de publicidad. Y no de esa publicidad que mola, donde te ponen anuncios entretenidos y más largos que los que echan por televisión, que parecen cortos de esos que Pixar mete al principio de sus películas. Sino de esa publicidad que anuncia bancos. Bancos. ¿Estáis de coña, no? ¿En serio? ¿Un p··o banco? ¿De qué vais? ¡Que yo he venido al cine a pasármelo bien, a olvidar por un rato todas las mierdas de la vida! ¡No me pongáis a un tío diciendo que meta mis ahorros en X banco, o que me suscriba a la cuenta tal!

Pero sin lugar a dudas, lo peor de los cines es la gente. Por un lado tenemos al típico imbécil que se cree más alto que los demás, y tiene que demostrarlo sentándose delante de ti y estirándose a más no poder de forma que te tapa toda la p··a pantalla. Que te dan ganas de meterle una colleja o asfixiarle o cortarle el cuello o dislocárselo, lo que sea más rápido. Y luego está también la típica vieja, que por mucho que nos cueste reconocerlo, es nuestra abuela, que durante toda la película no para de soltar cosas como: “¡Uh, qué tipo más feo!”, “¡Pero que malo es!, ¡niña, no te vayas con él que te va a matar!”, “¡Vaya payaso, a ese me lo encuentro yo y se entra!”.  Encima tiene la desfachatez de cada dos por tres preguntarte: “¿oye, te gusta la película?, yo creo que no te gusta. No te veo muy entretenido. Además, estás muy distraído; ¡si ni siquiera miras la pantalla!” pero es tu abuela, y no puedes hacer nada. Pero lo que es más triste es que siempre hay alguien que va a decirle algo a tu abuela, o la va a mandar callar, pero cuando ve de quién se trata y te ve a ti sufriendo a su lado en silencio, vuestras miradas se cruzan por un instante y el gesto de su cara cambia de modo hijo p··a, te voy a matar, a modo tío, yo te entiendo.

Por otro lado están las familias que quedan para tomar algo y no se les ocurre mejor idea que después de una comida, ir al cine. Con niños y todo. A esa es a la gente que odio más. Porque, no contentos con que todos puedan entrar en la misma sala siendo todos los que son, te preguntan si no te importaría cambiarles el sitio, para que puedan estar todos juntos. Y justo te lo piden el día que has conseguido los mejores asientos, esos que te permiten ver la película sin tener que girar el cuello, que después te acaba doliendo, y que te permiten escuchar perfectamente, sin que los altavoces te desgarren los tímpanos, o estén tan lejos que solo oigas las explosiones.

Pero que te obliguen a darles tu sitio no es lo peor. Lo peor es que cuando te dicen que es para estar juntos, ¡lo dicen en serio!
La primera vez que me pasó, me pregunté para qué querrían estar juntos si el cine consiste en quedarte atontado mirando una pantalla, e ignorando al resto del mundo. Pero no, para las familias, el cine es un lugar en el que tener a los niños entretenidos y así poder pasarse toda la película hablando de sus mierdas que a nadie le importan, pero que todos tenemos que tragarnos. Y lo más coj···do es que si encime les mandan callar, se indignan y te responden, los muy hijos de p··a.

Y, bueno, también están los niños. Esas personas más pequeñas y más estúpidas, a la par que chillonas e hiperactivas. No entiendo por qué ahora los padres los llevan al cine cada vez más pequeños. ¡Que dentro de nada van a tener que construir sitios para poder colocar los carritos, y van a tener que empezar a vender leche para la lactancia! (en el cine, quiero decir). ¿Acaso los padres no comprenden que si el niño no es capaz de estarse quieto en casa viendo la tele, va a conseguirlo en una sala a oscuras, con el audio altísimo, y donde no puede levantarse como poco en 80 minutos? Pues no. Ahí te encasquetan a los críos, que además suelen ir en grupos acompañados tan solo de un padre o una madre, que es imposible que logre dominarlos. 

Y un solo niño es como si multiplicásemos una de esas familias que he descrito ante por cuatro. Hablan, se mueven, gritan, se ríen a carcajada limpia, y exagerando la risa, como si se diesen cuenta de que te jode y quisieran provocarte, se dan la vuelta, tiran palomitas al suelo (y a veces hasta a la pantalla), si los tienes detrás te dan patadas… Pero, para terminar, no puedo acabar sin citar a aquellos que siendo adultos, se comportan como críos. Sí, me refiero al típico toca-pelotas que nos ha fastidiado la película a todos: al gilip···as que no apaga ni pone en silencio el teléfono adrede. A ese idiota al que le suena el móvil y con todo descaro no solo no cuelga, sino que encima contesta. Como queriendo hacernos creer que tiene gente que se preocupa por él. ¡Y a mí qué narices me importa tu vida! “Es que es importante, tenía que contestar, lo siento”. Esas son las palabras que dice a voz en grito después de acabar la conversación. Como si quisiera provocar más. Como si estuviera pidiendo a gritos un tortazo.

Y bueno, ya como punto final tenía que hablar de esos que entran al cine cuando la película ya ha empezado, que te hacen moverte, recoger las piernas, a veces te tiran el refresco o las palomitas encima… y además, una vez llegan a su sitio, se quedan dos minutos de pie tapando la pantalla, como esperando a que alguien les dé permiso para sentarse; como si esperaran a que viniera alguien más que les dijera: “perdonad, pero estos son mis asientos”.

Por eso, id al cine. Pero cuando vayáis no hinchéis las narices a nadie. Simplemente, como decía ese anuncio, “Bienvenido al cine. Por favor apaga tu p··o teléfono móvil, no conectes el contestador, porque es tontería; te va a sonar igual. Siéntate, y ni se te ocurra mover un músculo; que vas a fastidiar al de detrás o al de delante. Y disfruta del espectáculo; y si no te gusta te jodes, pero si roncas, ni se te ocurra dormirte, que el que vas a dar el espectáculo vas a ser tú”.

24 nov. 2014

El Nombre del Viento

La primera entrada de esta sección se la dedico a Patrick Rothfuss, un señor que además de tener un nombre muy raro, escribe que da gusto.

 El Nombre del Viento es un tocho bastante imponente de esos que cuando lo ves piensas: ¿En serio se supone que me voy a leer todo eso y me voy a enterar de algo?, o le echas un vistazo a la parte de atrás y te preguntas: Vale,… ¿pero esto de qué va? Personalmente, cuando la persona que me lo dejó (no voy a decir quien fue; especulad) me lo dio y me dijo que era un libro que me iba a gustar mucho y que entretenía bastante, para no hacerle el feo lo acepté y le dije que lo leería y compararíamos opiniones. 
 En esa época yo no contaba con más que catorce años, y recuerdo pensar: “Esta está que flipa”. Total, que con la promesa de devolvérselo ya leído, acepté el préstamo y dejé el libro muerto de risa en un estante. Pobre, lo que debió de sufrir. A mí siempre me ha encantado leer, por lo que cuando acepté el libro, ya tenía otro en las manos que estaba terminando (de leer, se entiende) y después tenía planeado ponerme con otro. Sin embargo (todo esto sucedió en verano, en mi pueblo, aislado de cualquier librería civilizada, o librería en sí), al ser tan joven e inexperto, no se me ocurrió pensar que cuando en tu pueblo estás tú solo y no tienes nada más que hacer, el tiempo lo pasas leyendo, por lo que ese plan que tan bien había urdido parecía volverse en mi contra.

 A la semana y media ya me había terminado el segundo libro, y presa del aburrimiento posé mi mirada sobre el inmenso volumen de Rothfuss y me dije:” ¿por qué no?” Así que me puse manos a la obra y sin ninguna esperanza me propuse pasar leyendo, por lo menos una hora… y otra, y otra, y otra más… Así hasta que me di cuenta de que me había vuelto un yonqui de la lectura y que no podía parar. Cuando me acabé el libro, que por cierto, se lee muy bien y muy rápido, me quedé a cuadros (los que se lo hayan leído me comprenderán), ¿ya está?, ¿eso es todo?, pero… ¡No!, ¡tiene que pasar algo más! ¡Seguro que se ha perdido alguna página, o puede que esté dividido en dos tomos! Como me enteré más tarde, no podía andar mejor encaminado.

Efectivamente, esa no era más que la primera parte de una saga dividida en tres, pero por ese entonces solo existía el primer tomo.

Así que imaginaríais lo desgraciado que me sentí en aquel entonces. ¡Me habían quitado mi droga! Sí, bueno, ahora existen foros donde la gente habla de este libro, y publican filtraciones o avances; pero por aquellos tiempos, a internet se accedía en las bibliotecas, y no había smartphones; por ese entonces…  ¡los móviles todavía tenían botones!

Además, pensad que yo no sabía nada de ese autor, por lo que hasta que no volví a mi casa después de un mes no me enteré de que su intención era escribir una trilogía. Yo me pensaba que sería uno de esos autores modernos que “te invitan”  a “pensar y a reflexionar” sobre sus escritos dejando un final abierto. Vamos, que me pensé que era un jod··o toca-pe··tas al que le daba pereza seguir escribiendo y que cuando había alcanzado una cifra de ingresos lo suficientemente alta simplemente había parado de escribir.
 Pero gracias a quien sea, este tipo sacó un segundo libro, algo más gordo que el primero, pero que sabía incluso mejor, porque ya conocías a los personajes, de manera que se podía centrar más en la historia.
Pero, como somos humanos, no aprendemos, por lo que si este segundo (titulado como El Temor de un Hombre Sabio) me lo terminé en menos tiempo que el primero, y eso que era más extenso (sí, ya lo había dicho, pero era para recalcarlo), también me quedé con un peor sabor de boca, porque este tiene un final más capullo que el otro. Con esto no quiero decir que el final sea malo, ni nada por el estilo; solo quiero decir que ese final te deja con ganas de mucho más.

Por lo que cuando me enteré que iba a salir otro libro (el libro se llama La Música del Silencio(a este tío le encanta ponerse poético con el título, y busca que no te diga NADA de lo que va a tratar el libro)) [ya sé que eso de meter dos paréntesis a la vez (y hasta tres) queda muy raro, pero me apetecía hacerlo]  esta vez más corto y centrado en otro personaje me dije, en cuanto salga me lo compro, y cuando ya llevaba dos días en tienda lo compré y me lo leí enseguida, volviendo a sentir ese hueco en el estómago que te dice que te falta algo.

Porque, podrá ser muchas cosas, pero Patrick Rothfuss es un camello que nos encanta y, como la mejor de las drogas, aunque no quieras, acabas cogiéndole demasiado cariño y estarías dispuesto a hacer cualquier cosa que te pidiesen solo por un poco más de sus novelas.

17 nov. 2014

Star Wars Knights Of The Old Republic (KOTOR)

Siendo un gran amante de los videojuegos, a la vez que fanático de todo lo que tenga que ver con Star Wars, ¿cómo podía comenzar esta sección, sino hablando de esta maravilla que -para gracia o desgracia-, me ha hecho ser quien soy hoy día?

Para todo aquel que no lo conozca (¡incultos!, es broma...) debería saber que esta maravilla es un regalo desarrollado por la marca Bioware, creadores de, entre otras cosas, mass effect y dragon age (cuya nueva entrega, por cierto, sale al público el 21 de este mes).

En este juego dividido en dos entregas y una tercera entrega fantasma -digo fantasma porque por una cosa u otra esta ansiada tercera parte (que no se sabe si hay algo hecho) aún no ha visto la luz- nos pone en la piel de un tipo, o una, dependiendo del sexo que le otorguemos (tío o tía, no penséis mal, que para la época en la que salió era muy difícil poder ver algo más), que resulta que tiene una conexión con la Fuerza, eso que te hace mover objetos y estrangular gente, pero no recuerda nada de lo que le ha ocurrido antes del momento actual. Vaya, que cosa más curiosa, fijaos que esto de la amnesia es algo totalmente nuevo y a lo que nunca nadie había recurrido (sí, era sarcasmo).

Para situarnos, la historia ocurre mucho, pero mucho tiempo antes de que Yoda llegara al mundo, por lo que los de Bioware tuvieron gran libertad a la hora de crear el mundo y las leyendas de este universo, del que muchos fans sacarían nuevas historias y escribirían muchos libros.

Como antes he dicho, esta saga está dividida en dos entregas: Star Wars KOTOR (mira el título si quieres saber qué significa) y Star Wars KOTOR II, the sith lords. El primero que jugué fue el segundo, el de los sith, que en realidad está desarrollado por Obsidian, aunque Bioware hizo de supervisora, y ayudó en el proyecto. El juego fue uno de los primeros videojuegos de los que no me aburrí y que conseguí pasarme (tenía once años) y me marcó de tal forma que, aunque por esa época ya me gustaba un poco la temática de las espadas de luz y demás, me acabé volviendo un completo friki del Universo Expandido -así se llama a todo lo que existe aparte de las películas de la Guerra de las Galaxias- de Star Wars.

Personalmente, creo que el juego merece su reconocimiento porque consigue meterte en la piel del personaje, y logra que tus decisiones se hagan eco y tengan determinadas consecuencias para ti y para el resto de personajes que te acompañan. Es decir, puedes ser malo o bueno, lo que hará que algunos personajes mueran, que desbloquees distintos poderes de la Fuerza, etcétera. EL único fallo notable que puedo sacarle es que, aunque empieza muy fuerte y dura lo suyo, el final es demasiado rápido y da la sensación de que muchas cosas se quedan a medias, además de que cabrea lo suyo un final tan abrupto, que a muchos nos hizo pensar que se debía a que se estaba trabajando en una nueva entrega, lo que nos dio esperanzas. Unas esperanzas que nos negábamos a abandonar hasta la compra de Lucasarts por Disney y la cancelación de todos los proyectos que tuvieran que ver con Star Wars.

La solución que se les ocurrió fue terminar la saga por dos partes, una novela donde nos contaban qué les pasaba a los protagonistas después de la segunda entrega, y un juego MMO (Massive(ly) Multiplayer Online), que tenía muy buena pinta pero que acabó decepcionando por las expectativas que había generado. Pero de estas dos cosas ya comentaré algo en futuras entradas.




10 nov. 2014

Video-irrealidad, un blog sobre videojuegos, y la vida en general

Como todo ser humano normal y corriente, llega un momento en el que te haces la siguiente pregunta (o más bien te obligan a hacértela): ¿Dónde puedo contar todas esas cosas que se me pasan por la cabeza?
Dejando de lado los diarios, donde escribías para que nadie lo viera, una de las pocas respuestas que nos quedan es crear un blog. Un blog, esa cosa que todo el mundo tiene y que todos decimos leer, aunque solo lo hagamos para creernos interesantes.

Así que se me ocurrió abrir una cuenta en Google (¿se puede decir, o me denunciarán por cuestiones de derechos de autor?) y empezar a contar mis paranoias, porque sí, aunque las meta de forma camufladas y parezca que voy a hablar de videojuegos, habrá una sección dedicada a todas esas cosas que me rondan por la cabeza y me hacen preguntarme si no estaré un poco mal de ahí arriba.

Y hablando de secciones, dividiré las entradas del blog (si consigo averiguar cómo) en tres:

-Críticas, donde daré mi opinión, repito, Mi Opinión sobre videojuegos que me hayan marcado de alguna forma, ya sea para bien o para mal. Puede que no conozcáis muchos de estos juegos, o puede que sí os suenen, porque, aunque opinaré sobre alguno de estos nuevos juegos que se han convertido en sagas, también comentaré jugos que ya tienen sus años (entre cuatro y siete, no más, que a mí lo "retro" no me va mucho).

-Recomendaciones: Como su nombre indica, en esta sección recomendaré de todo un poco; películas, series, libros o grupos de música que me parezcan (o me parecieran en su momento) dignos de recomendarse.

-El Gnomo kabrón: Como dice el tópico, por último, pero no por ello menos importante, en esta sección se nos hablará (digo "se nos", porque a mí también me contarán estas cosas, porque aunque sea yo el que publique la entrada, no seré quien la escriba...) sobre las cosas de la vida. Sí, esas cosas que a tod@s nos pasan y que tanto nos fastidian (a algun@s, a otr@s todo les da igual), pero que pasado el momento decidimos olvidar.

Esas cosas tan simples que pueden hacer que un buen día se convierta en un día horrible, o que nos ponen de mal humor para todo el día sin que sepamos por qué estamos tan enfadados. Aquí pondremos verdes aquellos problemas cotidianos en los que nadie se para a pensar, además de contar todas las cosas que nos sacan de nuestras casillas (por lo menos a mí), como por ejemplo criticar la falta de higiene de los restaurantes de comida rápida, solo porque durante toda la vida se ha considerado inferior la cocina de comida rápida que la cocina de restauración en la que tardan una eternidad en servirnos cuando esto solo se basa en que "si nos atienden rápido es malo", pero ahora, tampoco nos gusta que nos hagan esperar para comer, ... Bueno, tendré que parar, que si no me quedo sin cosas con las que meterme.